ENLACE AL AUDIO DEL PROGRAMA "El sol sale por el Oeste"Ve con el viento, Teresa Nieto (Club de Lectura de Hervás)Cuando Miguel tenia entre 18 y 20 años se consideraba un autentico patito feo, aunque nada en su aspecto físico pudiera hacer pensar a nadie que era feo, excepto a el mismo.
Había llegado a esta conclusión por el hecho de ver que sus amigos ligaban con las chicas más guapas y el no y si se acercaba alguna chica era siempre la más rara del grupo, o la menos agraciada en definitiva solo se le acercaban "otros patito feos".
Esto hizo que tuviera un autoconcepto completamente erróneo de si mismo que le marco todos los años de su juventud.
El no aceptarse a sí mismo, era lo que dificultaba a Miguel el sentirse aceptado por los demás. Cuando Miguel cumple 25 años decide marcarse a trabajar a un país del norte de Europa y es allí, donde los rostros son mas blancos, rosados y los cabellos claros donde Miguel ve con autentico asombro como las mujeres se fijan en el, le dicen ¡guapo!, todas las chicas de su entorno se sienten atraídas por el, era el contraste, lo exótico lo que las atraía. Esto ayudo a Miguel a tener una visión más objetiva de cómo lo ven los demás, a aceptarse, a estar orgulloso y satisfecho de si mismo y poco a poco va consiguiendo un equilibrio emocional y personal que aumenta su capacidad de enfrentarse con éxito a los desafíos básicos de la vida, tanto en los personal como en lo social. Después de unos años cuando regresa a España, físicamente apenas ha cambiado, pero el cambio interior, la fuerza que irradia hace que los que le conocían le vean completamente diferente. La confianza en su capacidad en su propio juicio ha hecho de Miguel una persona interesante y valiosa para los que le rodean y sobre todo y principalmente para el mismo. Ese cambio interior que ha creado un nuevo Miguel, ha hecho de él un autentico cisne.
"Ve con el viento
El viento te llevo lejos
Amigo
Y el viento te trae otra vez
El patito lindo, Mayte Muñoz (Club de Lectura de Hervás)Esta es la historia de Patito Lindo.
Mamá Pata le puso este nombre porque, desde el momento en que rompió el cascarón, le pareció
el patito más lindo del mundo.
Siempre lo lleva precioso, con sus plumas relucientes adornadas con exquisitos lacitos.
Patito Lindo nunca ha dudado de su belleza. De modo que el día que se organizó un concurso,
para elegir al patito más hermoso de toda la comarca, decidió presentarse. Animado por Mamá Pata.
¡Qué sorpresa se llevó cuando no resultó elegido! Es más, estaba entre los últimos clasificados. En
ese momento Patito Lindo tuvo que enfrentarse a la cruda realidad: él no era un patito lindo, incluso
puede que fuera un PATITO FEO.
Esta historia acaba aquí, pero a Patito Lindo le ocurrirán otras, en las que, dependiendo de cómo
él y Mamá Pata encajaran este duro golpe, encarnará al héroe valiente o al resentido villano.
Los patitos feos, Elena Castillo (Club de Lectura de Hervás)Me cuentan que ella le entendía como nadie, le animaba y le llevaba a
todas partes de la mano pero que un día en el patio tuvieron que
separarlos. Yo pregunté ingenuamente: “¿Por qué? ¿Se estaban
peleando?” Por las risitas de las monitoras comprendí que no. Ahora me
explico el interés de mi hija por el lenguaje de signos y su satisfacción por
encontrar escritos en Braille en lugares tan dispares como ascensores o
cajas de medicinas, y su llanto de hace una semana: Tino no iba a volver,
estaba peor y se cansaba mucho.
Su madre me ha llamado para preguntarme si podían traerle a visitar a
Clarita de vez en cuando. Al parecer, el chaval tenía loca a toda la familia
porque no se resignaba a perderla. Incluso estaba acumulando regalos
para ella.
Clarita ha dejado sobre su cama un vaporoso vestido de gasa,
abalorios y un frasquito de perfume. “Para que me vea Tino”, me dice con
una sonrisa de oreja a oreja.
“Pero si Tino no ve”, objeto yo: “Es sordociego”.
“Ya lo sé”, responde ella con calma, “pero ve de otra manera, de
muchas maneras”.
Me quedo pensando si llegará a ver que Clarita es una chica Down.
Una metedura de pata, Arturo Lomo Solance (Club de Lectura de Hervás)Quizás aquellos alaridos anunciasen el descubrimiento del cuerpo ya sin vida de José
Luis, desplumándose a golpe de corriente entre las rocas del río.
Era el fin, el último acto de tan nefasta y prologada agonía. Horas antes el
alcalde don Robustiano, había recibido la desesperada misiva dirigida a todos los
habitantes del pueblo. En ella José Luis pormenorizaba su decisión y los motivos de la
misma.
Todo comenzó muchos años atrás, en la más tierna infancia. Ya su nacimiento
denunciaba la llegada de aquel tremendo sortilegio. Sus pequeños y rechonchos
piececitos que vinieron al mundo con membranas interdigitales. Las manos, brazos y
resto del cuerpo adornados con una profusión ondulante de pelos suaves, cual plumón
de ave del paraíso. Ese pronunciado y romo hocico, que tan sólo los ánsares reales
poseían, y para colmo de males, el legado escrito e incólume de sus antepasados, de su
extraña estirpe. Un cruel apellido compañero sempiterno de su desdicha. José Luis feo
Gutiérrez, conocido en todo el pueblo con el apodo o sobrenombre de “El patito”.
Por eso, cuando en el día central de las fiestas patronales, fue requerida su
presencia en el festivo estrado, nuestro querido vecino, mostró inequívocos síntomas de
reticencia y duda por acceder al mismo. No estaba falto de motivos, pues el insistente
reclamo de la concejala de cultura, era para comunicarle públicamente la unánime
elección como míster patito feo del Valle de Ambroz.
No pudo más. Sus alarmas cerebrales anunciaron al unísono, el seguro finiquito
de tan lamentable trasunto vital. El remate ya desesperado, ocurrió cuando ante las
primeras preguntas del entrevistador de turno, orientadas a prolongar la enhorabuena
por su popular nombramiento, él sólo consiguió contestar, con dos balbuceantes
estertores sonoros, reflejados en unos escuetos y ya casi familiares cuak-cuak. A pesar
de sus denodados esfuerzos, de la boca empatada no volvió a surgir el más mínimo
atisbo de comunicación comprensible.
Alienado, se alejó de la fiesta abriéndose paso a empujones entre la multitud de
vecinos que le aclamaban. Con grandes zancadas y las manos cubriendo parcialmente el
sollozante y desencajado rostro, se perdió rápidamente por la vereda que conducía al
desfiladero.
Dicen los lugareños, que en la carta dirigida al señor alcalde, nuestro ya querido
patito feo, demostró una vez más, postmortem, su contrastada calidad seudo patuna con
esta última y conmovedora frase: “por favor, no olvide don Robustiano, dar efusivos
recuerdos a mi pata madre”. Descanse por siempre en paz.
El patito feo, Rosario Álvarez (Club de Lectura de Hervás)Hoy puede ser un gran día, me digo todas las mañanas. Para ir perdiendo la ilusión
nos quedan muchas horas por delante. La mañana se presenta soleada, no tardarán en
aproximarse los nubarrones. El desayuno se compone de imágenes y sonidos que te van
destrozando. Y son mis oídos y mis ojos los que tienen que sufrir, la violencia .el hambre, el
descontento, la mentira, la estafa , el cambio climático, las locuras de algún pirado y tantas
y tantas injusticias. Me recorre un escalofrió a lo largo del tuétano. Me escuecen los ojos,
me empiezan a pitar los oídos. Cuánta violación de los derechos humanos.
Todavía es pronto, solo ha amanecido. Pero será posible que hoy todas las mujeres
acaben su jornada acostadas en sus camas de madera sin tapa.
El día va trascurriendo, más de lo mismo, pensando que nuestro planeta es el PATITO
FEO del universo.
Mañana ,puede que sea un gran día.
Botijos, Jonás Sánchez Pedrero (Club de Lectura de Hervás) De padres barriles,
hijos botijos...
Popular
José, -Josete el corto para los que le conocían- nunca fue muy espabilado. Josete
peinaba cejas pobladas y un bigote pelusón de labio leporino. Tenía un hermano
gemelo de sonrisa picuda del que sólo diferenciaban unas cejas en ángulo como dos
diminutas gaviotas. La gente les confundía. Les llamaban los Josés. José 1 y José 2
para diferenciarles. Sus padres les educaron igual que al resto de sus hermanos pero
ellos sólo se entretenían jugando a las pistolas. Les gustaba tocarse el ombligo y
olerse el dedo, fétido y sudado. Eran muy limitados, digámoslo. Lo que vulgarmente
se llama tontos. En el colegio nadie les ajuntaba porque se comían los mocos y no
entendían los juegos. Siempre les ponían de porteros cuando tocaba fútbol. Todos se
reían de ellos. Los únicos que les hacían algo de caso eran el delegado de clase y la
profesora. Cándida Fernández Tocha era una maestra lacia, obediente del dinero con
que los padres de los Josés subvencionaban el colegio. Ella les protegía y hacía callar
al resto de los niños cuando se aburrían de sus torpezas y les insultaban. Los Josés se
acostumbraron pronto a que el dinero solucionaba sus problemas. Llegaron a ser
presidentes del gobierno.